Relatos de prostitutas solo prostitutas

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Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años. Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no.

A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque solo te preocupan tus necesidades sexuales.

Cuando finalmente te regañaba , y dejaba claro que no te iba a volver a tener como cliente si no respetabas las reglas, me insultabas a mí y mi papel como prostituta. Eras condescendiente, amenazador y maleducado. Cuando compras sexo, eso dice mucho sobre ti, de tu humanidad y tu sexualidad.

Para mí, es un signo de tu debilidad, incluso cuando lo confundes con una especie de enfermiza clase de poder y estatus.

Crees que tienes derecho. Lo que piensa una prostituta de sus clientes, dicho con total sinceridad Documental 'Prostitución sin censura'. Cuando compras sexo, revelas que no has encontrado el corazón de tu sexualidad. Me das pena, de verdad. Eres tan mediocre que piensas que el sexo consiste en eyacular en la vagina de una extraña. Qué hombre frustrado y lastimosos debes ser.

Un hombre que expresa sus sentimientos a través de sus clímax, que no tiene la habilidad de verbalizarlos, sino que prefiere canalizarlos a través de sus genitales para librarse de ellos.

Un hombre verdaderamente masculino nunca se degradaría pagando por sexo. Sé que dentro tienes una conciencia. Que te has preguntado en silencio si lo que hacías era ética y moralmente justificable. También sé que defiendes tus acciones y probablemente piensas que me has tratado bien, que fuiste amable, nunca malvado y que no violaste mis límites. Se llama evadir tu responsabilidad. Te engañas pensando que la gente a la que compras no han sido compradas.

No han sido forzadas a prostituirse. Tengo muchas experiencias en la prostitución. Me han permitido que te escriba esta carta.

Pero es una carta que preferiría no haber escrito. Pero no hay clientes buenos. Trabajaba como independiente en un prostíbulo popular en el que las mujeres alquilaban cuarto por día. Se paseaba totalmente desnuda por el patio central cuando no le caían clientes a su cuarto.

Algunos en lugar de sentirse atraídos pensaban que estaba loca. A las mujeres no les gustaba que se exhibiera y regaban la bola de que tenía sida.

Entre los colegas que venían de Honduras para entrenamientos en Guatemala estaba Francisco, un compañero un tanto nervioso pero buena onda que había venido varias veces. Era bueno en su trabajo y cumplía sus metas de ventas, así que los dueños de la empresa estaban contentos con él. Tres meses después de cambiarme a mi nuevo apartamento, mi vecino, que me alquilaba el mismo, se ganó la lotería.

Siempre me pareció una buena persona. En realidad soy como la regalona de los matrimonios. Por ejemplo, un matrimonio me llama todos los meses, y me atienden a mí en vez de que yo lo haga con ellos. Eso sí, no atiendo lesbianas, porque me da miedo, y como soy asquienta, prefiero que no.

En cambio, con los matrimonios es distinto, con la mujer, ya que es como un juego, es fantasía. Con las mujeres en los matrimonios es fantasía sexual, yo no ando buscando mujeres. El negocio es el negocio y el hueveo es aparte.

Pocas veces, normalmente me mandan mensajes, pero nada concreto. Regularmente llaman para molestar, pero una vez me llamó el tío de un niño, que le quería dar una sorpresa porque cumplía 17 años. Hago eventos con disfraces, despedidas de soltero, hago sadomasoquismo y tengo lencería bonita. Y en los eventos cobro 40, 50 mil pesos.

Hago harto baile y no es tan mecanizado lo que hago, como algunas niñas que cobran una hora y se van. A mí me gusta disfrutar del ambiente, si me gusta el carrete, me quedo y compartimos, y de esa manera me he hecho de hartos amigos.

Sí, tengo ahorros, tengo proyectos, y a ver si a fin de año concreto un negocio. No me gusta Calama, es una ciudad muy depresiva, y no es por lo que hago. No, pero cuando llegué a Calama me metí mucho en el alcohol, tomaba todos los días.

Al comienzo, cuando tenía que estar con los clientes, me tenía que tomar unos traguitos. En esto hay mucha droga, en Calama hay harta gente que la consume.

Yo logré salir porque hago otras actividades, pero hay personas que salen en la noche, consumen alcohol y se van muriendo de a poco. He tenido pololos, pero relaciones liberales. Me han conocido en lo que hago, pero eso no significa que me tienen cuando quieran, sino que cuando yo quiero.

Enamorarme de alguien no, pero uno tiene a alguien como por tener una compañía, un amigo, alguien que te mime. Eso me ha decepcionado y me he sentido utilizada. Les envío dinero, ocasionalmente, en la semana. No, nunca, porque me cuido mucho.

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La complicidad con el crimen organizado y las autoridades facilita este delito. Tengo un cliente que se atiende conmigo, y todos los meses él me controla, y después tiene relaciones conmigo. Tipos de prostitución estereotipos de mujeres me han tocado tantos tipos sucios, pero hay hombres que vienen de corbata y elegantes, y a veces tengo que mandarlos a que se laven. Llegó a la segunda cita con rosas y chocolates. Las mujeres no llamaron. Luego de publicar en los "Clasificados" de nuestro diario un aviso con la promoción de mujeres para servicios sexuales en que se registraron 19 llamadosel equipo decidió publicar al día siguiente un aviso donde se ponía en oferta el servicio de hombres por sólo 15 mil pesos.

Pero lo que siguió fue nuevo para mí —como todo aquello esa noche—: Marissa le hizo sexo oral a Estaban. Los gemidos de mi hermano fueron enormes. Luego de un rato en esa posición, ella se acostó y acto seguido Esteban se puso encima y la penetró.

Los gemidos de ella aumentaron considerablemente, y yo a cada tanto volteaba a ver si no entraba alguien a la casa a averiguar qué pasaba. Lo hicieron en varias posiciones y luego él se lo sacó y eyaculó en el abdomen de ella.

En todo el camino de regreso al colegio no dejaba de pensar en lo que vi. Sabía que eso era sexo, pero nunca pensé que sería así. Ver a dos persona teniendo tanto placer juntos, me encantó y quería vivir una experiencia así. Cuando le pregunté qué hizo en el colegio, me dijo que había tenido clases en la mañana y que luego salió temprano y fue a jugar basket con sus amigos.

Esa noche dormí sola en mi cuarto. En ese entonces yo compartía habitación con Clara, pero ella se quedaría en casa de una amiguita del colegio, pues ensayarían un baile típico que en dos días ellas presentarían. Así que me arropé en mi cama y comencé a recordar la escena.

Sentía que ella era una mujer de verdad, la mujer en la que quería convertirme. Recordando todo aquello volví a excitarme. Me empecé a acariciar los senos. Lo hice suavemente, con algo de miedo, pero la sensación fue indescriptible. Duré un buen rato así hasta que en un momento de mucho clímax, acabé. La escena fue inédita para mí: Me había masturbado por primera vez. En la hora del recreo conversé con mis amigas, Rina y Jessica, y les conté lo sucedido.

Rina quedó muy impresionada y casi no dijo palabra, pero Jessica no tuvo asombro: Al menos en este caso parece que si. Y sobre lo de Esteban, me dijo que probablemente él y Marissa no eran novios, sino amantes —como las parejas de la TV— y que seguramente no era la primera vez que lo hacían. Todo eso fue sumamente confuso para mí. Yo no podía entender cómo se podría tener relaciones sin ser novios. O lo que es igual: Si ella era la tonta de la historia, la que se enamoraba del que no era el indicado y terminaba pagando las consecuencias.

Con el pasar de los años escuché muchas veces esa frase de boca de mis compañeros y amigos. Cada vez que lo hacían, venía con una carga emocional fuerte. Era un estigma, era una carga pesada.

Y tan fuerte era la palabra que muchas veces se decía en sentido ofensivo: Recuerdo que en séptimo grado, Jessica era novia de un muchacho del salón. Y a la semana siguiente terminaron y ella se hizo novia de otro chico del colegio, pero de un año superior. Todos en el salón le llamaron puta, especialmente su ex. Comencé a considerar que la palabra, tan fuerte, tan dura, era también algo vacío, capaz de ser usada fuera de su contexto, sólo para herir.

Pero la gente siempre habla. Cuando cumplí 14, había salido una noche con Rina, Jessica, y mis dos hermanas al centro del pueblo. Íbamos a una feria y pasaríamos el rato comiendo comida chatarra y viendo los juegos.

Cuando caigo en cuenta, veo a un chico algo mayor —tenía 18—, alto, de contextura fuerte, blanco, quien de seguidas me pidió disculpas. Luego de las obvias acusaciones sobre su culpabilidad en el accidente, me invitó un trago y nos retiramos del sitio. Charlamos durante un buen rato. Me cayó muy bien. Me dijo que era de la capital, que estaba allí de vacaciones pero que le gustaba mucho el pueblo.

Contaba chistes, decía cosas interesantes, había viajado fuera del país y conoció Francia, y todo eso me deslumbraba. Jessica, que tenía 15, no los tenía del mismo tamaño que yo y solía hacerme algo de burla de vez en cuando. Sé que ella y Rina querían tenerlas como yo, pero a esa edad, sinceramente, no le di mayor importancia, aunque me gustaba que algunos chicos me miraran allí cuando usaba escote o cuando usaba alguna camisa ajustada.

Y él lo hacía con algo de regularidad esa noche. Ya era un poco tarde, las muchachas me hicieron señas para regresar, pero El chico me dijo que me llevaría, ya que el camino a casa no era tan lejos ni difícil de transitar. Yo no podía creerlo: Y un chico de ciudad. Un chico que me gustaba. Caminamos un poco por la feria y a ratos, nuestras manos chocaban.

Supe que era una treta porque ya no quedaba nada del perfume en mí gracias a la cerveza, pero accedí. Se quedó un rato pasando su nariz delicadamente por mi cuello, haciendo círculos en él. Acababa de cumplir cuarenta y no trabajaba, vivía de algunas rentas. Con la noticia de que había ganado la lotería vi rondar la casa a varias personas que nunca había visto.

Familiares y amigos que tenía tiempo de no ver se aparecían por su casa. Sin embargo, nadie le sacó dinero porque él tenía sus propios planes. Tenía poco tiempo de haberme mudado al barrio cuando se pasó a vivir a la par de mi casa una mujer que alborotó al vecindario entero. Yo tenía quince años. Yo vi cuando el camión de mudanzas bajaba las cosas de la vecina una tarde de abril. La primera vez que la vi estaba de espaldas y aproveché para ver el cuerpazo que tenía.

Al principio la relación con la Gaby era por puntos. Yo le hacía mandados, la iba a dejar y a traer a algunas fiestas o la acompañaba a la casa de alguno de sus clientes.

Luego de acumular suficientes puntos, ella me daba mi pago en especie. La llevamos así por un buen tiempo hasta que todo se empezó a complicar.

Las Hermanas del Santo Rosario se habían asentado en el pueblo desde hacía muchos años. Ella se quitó el vestido completamente, se abrió frente a él, y se masturbó. Pero es una carta que preferiría no haber escrito. De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo. Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Dos morenos y uno rubio. Su primera vez fue en Guadalajara.

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Aquel día Karla Jacinto fue plantada por sus amigos, a quienes esperaba para ir a patinar. Las mujeres no llamaron.

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